11 sept 2020

La despedida

Lo recordado, lo dicho, lo vivido, lo escuchado, lo visto, lo compartido, las risas y lágrimas, todo se vuelve en un “tanto”, una cantidad de situaciones que duelen cuando una persona con la cual has compartido y vivido los mejores momentos, se despide; no con un “Hasta luego”, sino con un “Adiós”.

Una parte de mi ser poco a poco se fue desvaneciendo cuando de aquellos labios, pronunciaban palabras de despedida… Un “adiós” con un fuerte beso antes de partir, significó que sus labios se llevaban de un solo suspiro mi alma, los sueños y la luz que día a día ilumina, arrebatándome las ganas de vivir y seguir.

Dejé la puerta entreabierta, mientras observaba como poco a poco desaparecía en la calle, el sonido de sus pasos alejándose, una imagen que se disminuía.

No la escuchó más, se ha ido con una parte de mí. El silencio ha entrado por la puerta como si de su casa se tratase, junto a ese escalofrío que sacude cuerpos.

Ya no se escucha su voz, me quedo viendo hacia la puerta con la ilusión corta, por sí se arrepiente y vuelve corriendo a abrazarme y decir “Esto es una estupidez, te quiero”. Empiezo a echar de menos hasta los conflictos, ahora tienen sentido las discusiones que se iniciaban por la mínima idiotez.

Siento el vacío, ese que es imposible cesar con la angustia que genera y termina con el nudo ahogante en la garganta que atormenta preguntando “¿Por qué no la detuviste?”. Pues, en ocasiones es imposible convencer a alguien de quedarse cuando lo único que desea es largarse.

La gente susurra que olvidemos todo, que ya no vale la pena, pero ellas no saben lo que hemos vivido. El olvido no estaba en los planes y que duela de tal manera tampoco.

Las heridas son los únicos recuerdos que quedan, quizás esa sea la razón por la cual nunca cierran.

No hay comentarios:

Publicar un comentario