Quisiera olvidar el 8 de mayo de 2008, un día de mierda, el día que mi vida cambio, dónde los excesos se volvieron mi perdición y los vicios eran mi refugio de dolor.
Recuerdo ese día, me despedí de ti con el abrazo acostumbrado y con "Hasta luego, papá". Ese abrazo fue diferente, fue más largo de lo normal, fue como si no quisieras soltarme. Tal vez sabías que sería el último.
Eran las 11:00 de la mañana, tocaron la puerta del salón de clases, era la coordinadora, era costumbre escuchar mi nombre al ella entrar al salón, pero esta vez el tono era diferente, no era el habitual.
Al salir, estaban mis hermanos con ella, mi mente decía: ¿Algo pasó?, pero ¿qué?... Mi mente no daba con la respuesta, a pesar de dar mil vueltas al asunto.
Sentados en su oficina, con una mirada distinta a la cual estaba acostumbrado a ver. Ella respiró profundo y dijo: "Esto no es fácil para mi".
Mis hermanos y yo nos mirábamos, no entendíamos nada de lo que sucedía. Pero quién a esa edad entendería aquella situación.
Ella tomó fuerza y de sus labios pronunciaron esa frase, que cada 8 de mayo aun suena en mi cabeza:
"Su padre ha fallecido"
Mi reacción solo fue cerrar los ojos y bajar mi cabeza, no creía lo que escuchaba esto es un mal sueño, él estará allí en casa cuando regrese con sus ganas de seguir.
Fuimos hasta dónde estabas, mi mente no quería aceptar que no te volvería abrazar, que no volvería a verte sonreír...
Verte en esa cama de hospital con los ojos cerrados y el sonido indicando que tu corazón ha dejado de latir, me rompió por dentro.
No quería llorar, pero estaba molesto, molesto porque me prometiste que no dejarías de luchar, me mentiste y eso nunca lo habías hecho.
Te vi y te dije "vamos levántate, que todavía queda por luchar".
Para tí, la lucha había terminado, para mi seguía latente.
¿Por qué dejaste de luchar? ¿Por qué decidieron que tu tiempo había terminado?, nunca lo entenderé...
Solo entendí ese día que pedir que no te llevará tan pronto, era como incitar que te fueras pronto. También dejé de creer en él, ese ser el cuál le pedí tanto que no te llevará porque te necesitaba y aún te necesito.
No sé hasta cuándo le tendré que hablar a una foto, para decirle: "Mira, lo que he logrado, ojalá pudieras vivir esto conmigo".
Han pasado 12 años y todavía me duele, no sé si algún día podré hablar de tí sin que se me haga un nudo en la garganta, sin que mi pecho se presione ni que de mis ojos salgan lágrimas.
Te extraño, papá.
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