Mis dedos resbalan
en las teclas mojadas por las lágrimas a la vez que escribo, lágrimas que
recorren mis mejillas y se dejan caer desde la barbilla.
Son lágrimas
desordenadas, pero todas y cada una llevan tu nombre, son pensamientos de mi
cabeza, recuerdos, fotos, momentos; que salen por mis ojos para escapar de mi
menta, porque son incapaces de aguantar la pena que esta noche traigo conmigo. Me
duele ver como están las entre tú y yo, me duele ver que mi felicidad ahora es
mi lamento. Que estas lágrimas son tan frías y a la vez tan cálidas, tan húmedas
y a la vez tan secas.
Duele saber que
nunca más seremos lo que fuimos y que estas lágrimas lo demuestran, nada será igual
cuando vuelvas a mí después de marcharte. Aposté todo por algo que salió mal,
hice all in y me quedé sin blanca, se acabó, no hay más fichas en este juego
para mí, estoy fuera, bancarrota, game over. Tú aún conservas todas tus fichas,
estoy seguro de que las fichas que me ganaste no las vas a necesitar, las
tiraras o las apartaras a un lado, porque tienes suficientes con las tuyas. En cambio
yo daría lo que fuera por un poco de tus fichas, un poco de tus besos, abrazos,
caricias, risas, recuerdos, momentos, fotos… pero jamas volveré a tenerlas,
porque no volveré a jugar a este juego contigo, el juego del amor…ese juego en
el que todos perdemos y muy pocos ganan.
Puede que sea lo último
que te escriba, la última carta, lo último que recibas de mí. La pena se mezcla
con las lágrimas en las teclas, así que disculpa si encuentras todo esto un
tanto triste, pero me resulta imposible escribir palabras alegres. Aun así
puede cerrar los ojos y recordar mi sonrisa cuando miraba la tuya, la sonrisa
que tu causaste, la que tú has construido todo este tiempo, la que quizás nunca
vuelva a mostrarte como antes, nunca más será tan amplia, porque ahora viven
recuerdos y melancolía en ella.
Aunque esto sea lo
último que te escriba, no será el último recuerdo, no sé si por suerte o por desgracia,
pero voy a recordarte bastante, cuando cierre los ojos, cuando me acueste sin
tus “buenas noches”, cuando agache la vista y mire hacia mi pecho y sienta ese
hierro frío que tanto me recuerda a la persona por la que tanto he sentido.
Dicen que los
polos opuestos se atraen, pero tú y yo hemos demostrado que no es así, pero al
menos lo hemos intentado, ¿no crees? No sé si he merecido la pena o no, pero a
mi personalmente me ha marcado y estoy seguro de que he aprendido mucho.
Se acerca el
final, estamos a escasos días, lo único que deseo ahora es no derrumbarme en el
adiós, pero sé que si tú caes, yo voy a caer, porque es inevitable, son muchas
cosas acumuladas encima de mí, y no puede sujetarlas más tiempo, voy a caer
abajo con ellas. Pero algún día saldré de todo, estoy seguro.
Voy a quedarme con
los buenos momentos y olvidar los malos, aunque casualmente son esos buenos
momentos los que harán que perduren mis lagrimas, los recuerdo vendrían a mi
mente en noches melancólicas, será inevitables, pero espero que tu conserves la
imagen de mi sonrisa en tu cabeza, esa sonrisa de la que tu eras culpable.
Ojala que
encuentres tu verdadera felicidad, porque este es el juego del amor donde ambos
hemos perdidos fichas, donde ambos hemos tenido rachas, donde los dos nos hemos
marcado faroles sin pretenderlos. Yo no soy tu felicidad, pero al menos me esforcé
en serlo.
Tú sigue con tu
bonita sonrisa, que ya me encargo yo de derramar lágrimas por los dos.